Las fuerzas militares de Estados Unidos abordaron en el Atlántico al petrolero ruso Marinera, anteriormente conocido como Bella-1, en una operación ejecutada bajo alta tensión militar y diplomática, luego de que Rusia advirtiera que debía cesar la persecución del buque.

El abordaje se apuró ante la inminente llegada de buques rusos destinados a escoltar al petrolero, lo que elevó el riesgo de un enfrentamiento directo en aguas internacionales.
En paralelo, un avión antisubmarino P-8 Poseidon de la Marina estadounidense operaba activamente en la zona para monitorear y responder a la presencia de un submarino ruso, desplegado como medida de protección del buque.
De acuerdo con información militar, Rusia envió un submarino nuclear para interceptar al Bella-1 y evitar que Estados Unidos lo decomisara, en una clara maniobra de disuasión.
Moscú había emitido advertencias previas exigiendo el fin de la persecución naval.
El petrolero había salido de Venezuela y, al inicio de la persecución, navegaba bajo bandera panameña.
Posteriormente cambió su registro a bandera rusa y fue oficialmente inscrito en Rusia bajo el nombre Marinera, sin que ello impidiera el abordaje por parte de fuerzas estadounidenses.
Pese a las sospechas iniciales, el buque viaja con sus depósitos vacíos y no existe información oficial que indique presencia de carga sensible o petróleo a bordo.
La explicación más racional, según analistas, es que el Marinera se ha convertido en un símbolo del desafío al bloqueo y a las sanciones impuestas por Estados Unidos, lo que explicaría la atención política y militar puesta en su abordaje.
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