El Departamento de Defensa de Estados Unidos presentó su nueva Doctrina de Defensa Nacional, un giro estratégico que devuelve a América Latina al centro de las prioridades de seguridad de Washington, con énfasis en la seguridad hemisférica, el combate frontal al narcotráfico y la contención de regímenes hostiles y actores extrahemisféricos que buscan ganar influencia en la región.

Según altos funcionarios del Pentágono, el nuevo enfoque parte de una premisa clara: la estabilidad del continente americano es un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos. La doctrina reconoce que el crimen transnacional, las rutas del narcotráfico, la migración descontrolada y la penetración de potencias rivales representan amenazas directas al orden hemisférico y a la soberanía de las naciones libres del continente.
El documento subraya que América Latina dejará de ser un “teatro secundario” para convertirse en un eje estratégico permanente, con mayor cooperación militar, inteligencia compartida y fortalecimiento de capacidades con gobiernos aliados. En particular, se prioriza la lucha contra los carteles de la droga, organizaciones criminales híbridas y grupos armados que desestabilizan Estados y financian redes ilícitas.
Asimismo, la nueva doctrina apunta directamente a la contención de regímenes autoritarios que, según el Pentágono, actúan como plataformas de influencia para actores extrahemisféricos interesados en socavar la seguridad regional. Sin mencionar países de forma explícita, el texto advierte sobre la creciente presencia militar, tecnológica y de inteligencia de potencias rivales en el Caribe, Centroamérica y Sudamérica.
Desde una óptica de defensa dura, el Pentágono plantea reforzar la presencia naval y aérea, ampliar ejercicios conjuntos y respaldar a fuerzas armadas latinoamericanas comprometidas con el Estado de derecho y la lucha contra el crimen organizado. “La seguridad de nuestras fronteras comienza mucho más al sur del Río Grande”, señala el documento, en línea con una visión de defensa preventiva y hemisférica.
Analistas cercanos a sectores conservadores destacan que esta redefinición rompe con años de abandono estratégico y envía una señal inequívoca: Estados Unidos vuelve a asumir liderazgo en su patio geopolítico, decidido a frenar el avance del narcotráfico, del autoritarismo y de influencias extranjeras que amenazan la estabilidad continental.
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