Cuba volvió a hundirse en la penumbra. El Sistema Eléctrico Nacional (SEN) colapsó nuevamente el viernes 23 de enero, con apagones continuos durante las 24 horas y un déficit energético que alcanzó niveles extremos, confirmando que la crisis eléctrica no solo persiste, sino que se agrava sin señales reales de solución.

Este colapso ocurre en un momento crítico para la isla, ya que los envíos de petróleo desde su antiguo aliado, Venezuela, se han reducido drásticamente y prácticamente se han detenido, dejando a Cuba sin la principal fuente de combustible que alimentaba sus plantas térmicas durante décadas. La presión de Estados Unidos sobre las exportaciones de crudo venezolano ha paralizado casi por completo ese suministro, obligando a La Habana a buscar alternativas menos estables.
De acuerdo con el parte oficial de la Unión Eléctrica (UNE), la máxima afectación por falta de capacidad de generación llegó a 1.905 megavatios (MW) a las 6:30 de la tarde, una cifra que desnuda el fracaso estructural del modelo energético estatal y la incapacidad del régimen para garantizar un servicio básico a la población.
La jornada del sábado comenzó igual de crítica. A las 6:00 de la mañana, la disponibilidad real del SEN era de apenas 1.170 MW, frente a una demanda de 2.280 MW, lo que dejó 1.120 MW fuera de servicio desde las primeras horas del día. Para el mediodía, la propia UNE admitió que la afectación aumentaría hasta 1.280 MW, evidenciando que el déficit no es coyuntural, sino crónico y sostenido.
Las causas del colapso se repiten como un mantra conocido por los cubanos: permanecen fuera de servicio por averías seis unidades de las centrales termoeléctricas Mariel, Carlos Manuel de Céspedes, Nuevitas, Felton y Antonio Maceo, mientras que otros dos bloques continúan en mantenimiento en las CTE Santa Cruz y Carlos Manuel de Céspedes, sin fechas claras de reincorporación.
A este panorama se suman centenares de megavatios indisponibles por falta de combustible, un problema que se agrava tras la caída del suministro venezolano —antes clave para operar las plantas— y que ahora solo se compensa de forma insuficiente con compras más caras y esporádicas.
Para el horario pico de la noche, la UNE prevé la entrada de siete motores del Fuel Moa (105 MW), la incorporación de la Unidad 1 de Energás Jaruco (30 MW) y el completamiento de la Unidad 6 de esa misma planta (30 MW). Sin embargo, aun con estos aportes, la disponibilidad total apenas alcanzaría 1.335 MW, frente a una demanda estimada de 3.150 MW.
Mientras el régimen insiste en discursos triunfalistas y promesas de recuperación, la realidad es que Cuba sigue a oscuras, golpeada por la interrupción del petróleo venezolano y atrapada en una crisis energética que paraliza la economía y deteriora aún más la vida cotidiana de millones de ciudadanos.
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