
La nueva arquitectura de seguridad impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump para el continente volvió a dejar a México fuera de la mesa. El país no fue invitado a la Cumbre de Seguridad del “Escudo de las Américas”, un encuentro celebrado en Estados Unidos que reunió a varios gobiernos de la región para discutir cooperación frente al crimen organizado, el narcotráfico y las amenazas transnacionales.
La reunión, promovida por Trump con el objetivo de fortalecer una estrategia regional de seguridad, congregó a representantes de distintos países latinoamericanos y aliados hemisféricos. Durante el encuentro se discutieron mecanismos de cooperación militar, intercambio de inteligencia y acciones conjuntas para enfrentar redes criminales que operan a lo largo del continente.
Sin embargo, la ausencia de México generó especial atención política. Tampoco fueron invitados Colombia, Brasil y Nicaragua, una decisión que desató debate sobre el futuro de la coordinación regional en materia de seguridad.
Trump ha sido particularmente crítico con la situación mexicana. En distintas intervenciones públicas ha señalado que el país se ha convertido en uno de los principales focos de los problemas de seguridad que afectan al hemisferio, especialmente por el crecimiento de los carteles del narcotráfico, el tráfico de drogas y la violencia vinculada al crimen organizado.
Según analistas de seguridad consultados durante el encuentro, la exclusión de ciertos países refleja la desconfianza creciente de algunos gobiernos frente a la capacidad de estas naciones para contener las amenazas que impactan a toda la región.
Mientras los países invitados discutían posibles estrategias conjuntas y mecanismos de cooperación dentro del denominado “Escudo de las Américas”, México quedó nuevamente al margen de una conversación clave sobre seguridad continental.
El contraste entre los países invitados y los excluidos de la Cumbre de Seguridad del “Escudo de las Américas”, promovida por Donald Trump, se explica principalmente por criterios políticos, de cooperación en seguridad y de confianza estratégica.
Países excluidos
México, Colombia, Brasil y Nicaragua quedaron fuera del encuentro, aunque por razones distintas:
- México: Desde Washington se señala que el país se ha convertido en un epicentro del narcotráfico y de las redes criminales que impactan a todo el continente. Además, sectores cercanos a Trump han criticado la falta de cooperación más agresiva contra los carteles y la política de seguridad mexicana.
- Colombia: Aunque históricamente ha sido aliado de EE. UU., la actual orientación política del gobierno y algunos cambios en la estrategia antidrogas han generado fricciones con Washington.
- Brasil: La exclusión se interpreta más como un mensaje político y geopolítico, debido a posturas diplomáticas que no siempre coinciden con la agenda de seguridad impulsada desde EE. UU.
- Nicaragua: El régimen de Daniel Ortega mantiene una relación muy deteriorada con Washington, lo que explica su exclusión casi automática de foros impulsados por Estados Unidos.
Países presentes
En contraste, los gobiernos que sí participaron suelen compartir tres características:
- Cooperación directa con Washington en seguridad y defensa.
- Alineación política o diplomática con la estrategia hemisférica de EE. UU.
- Compromisos activos contra el narcotráfico, el crimen organizado y las redes transnacionales.
Muchos de estos países mantienen acuerdos militares, intercambio de inteligencia y programas conjuntos de seguridad con Estados Unidos, lo que los convierte en socios preferentes dentro del esquema del llamado “Escudo de las Américas”.
Entre los gobiernos que sí participaron en la cumbre y suscribieron el acuerdo de cooperación contra el narcoterrorismo impulsado por Donald Trump se encuentran Argentina, Chile, Perú, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Panamá, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, República Dominicana, Canadá, Estados Unidos, Jamaica, Bahamas, Trinidad y Tobago, Guyana, Surinam y Haití, naciones que respaldaron el fortalecimiento de mecanismos de inteligencia compartida, coordinación militar y acciones conjuntas para enfrentar a las organizaciones criminales que operan en el continente.
Con la firma del acuerdo, Washington busca consolidar una alianza hemisférica de seguridad enfocada en combatir el narcotráfico, el tráfico de armas y las redes del crimen organizado que, según autoridades estadounidenses, representan una de las mayores amenazas para la estabilidad regional.
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