
En un mensaje directo y consistente con la estrategia de política exterior trazada desde el pasado 3 de enero, la diplomacia estadounidense ha reiterado que el enfoque hacia Venezuela contempla una secuencia clara y obligatoria: primero la estabilización, luego la recuperación y finalmente la transición democrática.
Esta postura, ratificada por el secretario de Estado, Marco Rubio, busca evitar soluciones apresuradas que comprometan la seguridad regional o reediten escenarios de colapso. La hoja de ruta de Washington se fundamenta en cuatro pilares estratégicos:
Continuidad sin virajes desde el 3 de enero: La administración estadounidense sostiene una política de Estado que no responde a presiones de coyuntura ni a giros reactivos, enfocada en desmantelar las estructuras de poder sobre bases pragmáticas.
Fase de Estabilización como prioridad absoluta: Antes de abrir un proceso electoral, la urgencia radica en contener riesgos críticos, evitando un escenario de guerra civil, el desbordamiento de la violencia en las calles o una nueva ola de migración masiva descontrolada.
Fase de Recuperación y certidumbre económica: La reactivación económica exige construir reglas de juego claras, estabilidad y seguridad jurídica, condiciones indispensables para que la inversión privada internacional ingrese con garantías al país.
Elecciones legítimas como meta final: La transición política culminando en elecciones libres, transparentes y democráticas sigue siendo el objetivo definitivo, pero condicionado a que el país cuente primero con bases institucionales y sociales sostenibles.
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