
Casi un mes exacto después de la tragedia, resulta alarmante ver como todavía una gran cantidad de venezolanos, continúan removiendo escombros con sus propias manos para intentar encontrar a sus familiares.
En cualquier país, esa imagen sería devastadora.
En Venezuela, comienza a convertirse en una dolorosa normalidad y pasa a formar parte de muchas otras tragedias “normalizadas» en el país.
Porque cuando el Estado no logra responder con la rapidez, activando la capacidad técnica y la maquinaria necesaria frente a una catástrofe de esta magnitud; el peso de la tragedia termina recayendo sobre quienes menos deberían cargarlo, las propias víctimas.
Mientras la atención internacional comienza a desplazarse hacia otras noticias, decenas de familias venezolanas continúan buscando a sus seres queridos desaparecidos entre edificios colapsados en La Guaira y otras zonas afectadas por el doble terremoto del pasado 24 de junio.
De acuerdo con un reportaje de France 24, muchos ciudadanos siguen excavando prácticamente por cuenta propia, mientras las autoridades aún no han publicado una cifra oficial de desaparecidos y continúan realizando pruebas de ADN para identificar cuerpos recuperados entre los escombros.
El caso de José David Vera Arenas resume el drama que viven cientos de familias. Sus familiares conocen el lugar donde quedó atrapado cuando colapsó el edificio donde se encontraba. Sin embargo, un mes después, todavía esperan poder recuperar sus restos.
La tragedia ya no consiste solamente en haber perdido a un ser querido, sino en el drama de no poder despedirse de él.
Una respuesta que la mayoría considera insuficiente
Desde los primeros días posteriores al terremoto, distintos sectores cuestionaron la velocidad de la respuesta institucional durante las primeras horas de la emergencia, mientras miles de vecinos y voluntarios comenzaron las labores de rescate antes de que existiera una respuesta plenamente organizada.
Con el paso de las semanas, el escenario tampoco parece haber mejorado para muchas familias.
Las denuncias difundidas en redes sociales muestran a ciudadanos removiendo concreto, piedras y estructuras colapsadas sin maquinaria pesada suficiente, utilizando únicamente palas, picos y, en muchos casos, sus propias manos.
El costo psicológico también comienza a emerger
La destrucción no solo dejó edificios derrumbados, también dejó profundas heridas emocionales.
Organizaciones sanitarias internacionales han advertido, que la atención en salud mental, constituye una prioridad de la recuperación, debido al enorme impacto psicológico que enfrentan sobrevivientes, rescatistas y comunidades enteras.
Diversos reportes periodísticos también han documentado que numerosos voluntarios, sin entrenamiento especializado, participaron durante semanas en la recuperación de cuerpos y en labores extremadamente traumáticas, una experiencia que comienza a pasar factura sobre su salud emocional.
La reconstrucción comienza mucho antes del cemento
En The Freedom Post hemos insistido en que la reconstrucción de Venezuela, no empieza únicamente, cuando se levantan nuevas viviendas.
Comienza cuando el gobierno demuestre que puede proteger la vida de sus ciudadanos durante las primeras horas de una emergencia.
Porque ningún familiar debería verse obligado a buscar durante semanas el cuerpo de un hijo, un hermano o un padre, utilizando únicamente sus manos.
Ningún voluntario debería enfrentar solo una carga psicológica para la que nunca fue preparado.
Y ninguna tragedia debería convertirse en una prueba de resistencia para quienes ya lo perdieron todo.
Las familias siguen buscando. Los voluntarios siguen resistiendo. Y mientras los días pasan, la pregunta continúa vigente:
¿Quién responderá por todos los que, un mes después, siguen esperando que alguien los ayude a encontrar a sus seres queridos?
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Fuentes:Crónica 1 / EFE / El País / OPS / OMS




