
Elías Jaua, uno de los dirigentes históricos más cercanos a Hugo Chávez, vuelve a marcar distancia con el rumbo que ha tomado el chavismo tras la llegada de Delcy Rodríguez al poder.
Su declaración resulta especialmente significativa porque no proviene de un opositor ni de un dirigente ajeno a la revolución bolivariana. Jaua pertenece a la generación fundacional del chavismo y ocupó algunas de las posiciones más importantes durante el gobierno de Chávez.
Su mensaje pone sobre la mesa una realidad cada vez más difícil de ocultar: el chavismo ya no habla con una sola voz.
Jaua cuestiona la presencia y el papel de Estados Unidos en Venezuela, reivindica la soberanía nacional y plantea la necesidad de construir un movimiento frente a lo que considera una situación de ocupación y tutelaje extranjero.
Pero hay otro elemento políticamente revelador: dudar no significa ser traidor.
La frase es importante porque apunta directamente a uno de los mecanismos tradicionales de disciplina dentro del chavismo: la idea de que cuestionar la línea oficial equivale a traicionar la revolución.
Y eso adquiere una dimensión todavía mayor después del acuerdo petrolero anunciado por Donald Trump y Delcy Rodríguez, mediante el cual empresas estadounidenses asumirían el control mayoritario de proyectos vinculados a más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas venezolanas.
El PSUV puede cerrar filas públicamente alrededor de Delcy Rodríguez. Pero el respaldo de la estructura partidista no necesariamente representa a todo el chavismo.
La aparición de voces como la de Jaua demuestra que existe un sector del chavismo que observa con preocupación el nuevo alineamiento con Washington y que no está dispuesto a aceptar automáticamente que cualquier decisión tomada por el nuevo poder deba ser asumida como una decisión de todo el movimiento.
La fractura, por tanto, no necesariamente está entre chavismo y oposición.
Puede estar comenzando dentro del propio chavismo.
Y esa podría ser una de las consecuencias políticas más importantes del nuevo acuerdo petrolero: no solo redefine la relación entre Venezuela y Estados Unidos. También obliga al chavismo a responder una pregunta que durante años evitó:
¿Qué queda del proyecto de Chávez cuando sus propios dirigentes históricos comienzan a cuestionar el rumbo de la revolución?
La declaración de Jaua no significa necesariamente una ruptura definitiva.
Pero sí representa algo políticamente mucho más incómodo para Delcy Rodríguez:
la evidencia de que el chavismo ya no puede presentarse como un bloque unido detrás de su liderazgo.




