4 claves para entender el atentado en Cúcuta contra la Policía Nacional. 

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CÚCUTA, COLOMBIA– El reciente ataque con explosivos contra el Comando de la Policía Nacional en el departamento de Norte de Santander, que dejó un balance preliminar de 11 personas heridas (ocho oficiales de policía y tres civiles), no debe analizarse únicamente como un acto terrorista. Detrás de esta ofensiva existe una lógica estratégica vinculada a la disputa entre organizaciones criminales, la presión sobre las economías ilícitas y el control de la frontera con Venezuela.

Especialistas en la materia advierten que lo ocurrido en la ciudad de Cúcuta responde a una compleja red de factores que van mucho más allá de motivaciones ideológicas:

 •Una guerra por el control del territorio:Norte de Santander concentra uno de los ecosistemas criminales más complejos de América Latina. En la región convergen el ELN, disidencias de las FARC, estructuras narcoparamilitares y organizaciones transnacionales como el Tren de Aragua. Al no haber espacio para expandirse, estas organizaciones pelean ferozmente para quitarse áreas de control unas a otras.

 •La economía criminal busca sobrevivir: Lejos de vivir un período de bonanza, muchas organizaciones enfrentan una reducción de sus ingresos por el aumento en los costos de transporte y las dificultades para exportar droga. Para compensar esa caída, han volcado su atención hacia la delincuencia de calle, afectando directamente a los ciudadanos mediante la extorsión, el microtráfico, el cobro a migrantes y el control de pasos ilegales.

• Un objetivo militar directo contra la Fuerza Pública: Cuando las bandas pelean entre sí, temen que el Estado aproveche el desgaste para lanzar grandes operativos. Atacar a la Policía busca precisamente obligar a las autoridades a concentrar sus recursos en defenderse a sí mismas, dándole a los grupos armados mayor libertad de movimiento para resolver sus disputas internas.

• La frontera con Venezuela como centro de gravedad:La ubicación geográfica de Cúcuta la convierte en el nodo clave del crimen organizado regional. El control de la frontera trasciende al narcotráfico: implica manejar el paso de migración irregular, el contrabando, el tráfico de armas y combustible, y las redes de extorsión.

Este atentado demuestra que hoy predomina una competencia feroz entre organizaciones criminales golpeadas por mayores costos y menores ganancias. En este escenario, los ataques a las instituciones buscan proyectar fuerza ante los rivales y dificultar que el Estado recupere el control del territorio.

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